La moda sí incomoda

 

        La moda cambia cada vez más vertiginosamente, hasta lograr modificar el guardarropa de una persona en lo que tarda en pasar una estación. Como decía la reina de Suecia, Carmen Sylva: “Quien quiere vivir a la moda, cuando termina de ponerse a la moda, ha pasado de moda”. Sin embargo, lo que no solemos atender es a lo que cada moda (en genérico, obviamente) nos está diciendo.

        ¿Tiene algo que ver la forma en que nos vestimos con alguna cuestión más profunda que cubrirnos el cuerpo? Si bien desde Adán y Eva el sentido original de la ropa fue cubrir la vergüenza que sintieron por sus desnudeces, poco tiempo tarda la humanidad en volver más trascendente este asunto. Y es que, como reza el proverbio, “la túnica no hace al monje, pero lo ayuda”. ¿Qué quiere decir esto? Que aquella forma en que nos mostramos al mundo refleja una identificación y una preferencia hacia algunas cosas en lugar de otras, y es, sobre todo, un símbolo que constantemente nos recuerda una forma de actitud hacia la vida. Sherlock Holmes solía decir que, con elementos tan “imperceptibles” como una forma de llevar el vestuario, o un determinado adorno colocado al parecer por azar, podía determinar la personalidad de aquellas personas que estaba investigando. Y es que la ropa y sus ornamentos nos identifican inmediatamente con un estilo y un mundo que no se encuentra ligado a ellos porque sí.

        La moda avanza hacia lo que es más práctico, más cómodo y, en ocasiones, más feo. Los satenes, sedas, rasos y terciopelos han dejado hace rato lugar a los jeans, el algodón y el poliéster. Hoy vemos a los “jóvenes contestatarios”, vestidos por el sistema, teñidos por el sistema, agujereados con aritos por el sistema, que cada día se enriquece más con los regimientos de muchachos que pagan lo que sea por verse “a la moda trasgresora”. Ridículo... Pero no nos hemos quedado en la igualdad de los jeans, ni tampoco en la practicidad de una camiseta de algodón. ¡No! Siempre hay que dar un paso más, y por eso surge la ropa de cortes torcidos, los colores que no combinan, los materiales plásticos mas degradantes, los tiros de pantalones más bajos hasta casi tocar el suelo, etc. Más y más fealdad, que en lugar de retroceder por una suerte de evolución cultural, avanza cada día.

        El problema es que todos estamos inmersos en un medio en que no somos decisores, sino meros consumidores. Un medio en el que se exaltan nuestras pasiones a través de la colaboración con vicios tales como la pereza (en la falta de compostura) o la lujuria (en la falta de tela para cubrirse), etc., pero donde no vemos, al acercarnos a las tiendas, más opciones que las que se presentan, porque además, si tuviésemos la posibilidad, ¿seríamos trasgresores vistiendo un vestido del mil setecientos, o luciendo un frac de gala? No, solamente lo somos con aquello que nos dan para que lo seamos.

 

DIEGO GARCÍA, Querétaro, México

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A