Adopción por parejas homosexuales

 

    Es tanto lo que un niño o una niña suponen para una familia, que, desde el respeto a cada persona, es explicable que quienes se consideran familia, aunque no lo sean, deseen tener ese bien inmenso (el hijo) que no pueden engendrar por la sencilla razón de que la naturaleza lo ha querido así.

    Ahora bien, puesto que el fin de la adopción no es tanto dar un hijo a unos padres, que no lo tienen, como dar unos padres idóneos a un niño que carece de ellos, ¿es conveniente o no para un niño, tener por padres a una pareja de homosexuales? En la respuesta que demos a esa pregunta está la solución del problema.

    Supongamos que se aprueba una ley que permite que las parejas homosexuales puedan adoptar, y entremos con nuestra imaginación en uno de esos hogares. Lo primero que observaremos es que los niños, al ir creciendo, descubren que su familia no es como la de los demás; que sus amiguitos y amiguitas tienen un padre varón y una madre mujer, mientras que ellos tienen por padres a dos personas del mismo sexo; que aquellos dos hombres o aquellas dos mujeres con los que conviven no pueden ser sus padres… ¿Nos imaginamos su desconcierto y, en no pocos casos, su angustia?

    Por otra parte, si es un niño adoptado por dos lesbianas, desconocerá el modelo de varón que le hubiera ayudado a ir formando su personalidad masculina: ¿una mujer le va a dar los valores correspondientes a un hombre? Y si es una niña adoptada por dos gays no podrá recibir de éstos la imagen femenina que precisaría para su correcta evolución como mujer. Dicho de otra forma: no recibirán de esas parejas homosexuales la imagen masculina y la imagen femenina que todos los niños y niñas necesitan recibir de sus padres, sean éstos naturales o sean adoptantes.


Un desconcierto explicable

    Hay algo mucho más grave: ¿quién nos asegura que ese niño o esa niña no van a ser educados con las mismas inclinaciones de sus padres? Y, aunque así no fuera, esto es, aunque esos gays o lesbianas trataran de educarles no en la homosexualidad que practican sino, cosa difícil, en la heterosexualidad que rechazan: ¿qué ejemplo les ofrecen cada día? Ese ejemplo, tan importante para la educación de los hijos, que hacía decir a Jaurés: "No se enseña lo que se sabe ni se enseña lo que se dice: se enseña lo que se hace". Y lo que se hace, en este caso concreto, es vida matrimonial entre dos personas del mismo sexo. Ése es el ejemplo que les dan. Ahora bien, si, receptivos a ese ejemplo, los niños o niñas adoptados deciden hacer lo mismo que hacen sus padres, el día de mañana buscarán también, en conformidad con lo aprendido, a una persona del mismo sexo para formar su hogar en lugar de una persona del sexo opuesto con la que casarse y tener hijos.

    Desconcierto, angustia en ocasiones. No reciben lo que deberían recibir y reciben lo que no deberían recibir: he ahí tres razones que bastan y sobran para rechazar que a las parejas homosexuales se les conceda la posibilidad de adoptar.

    Por otra parte, no debemos olvidar lo que esa ley supondría:

    -Un daño para los niños candidatos a ser adoptados, que prefieren serlo no por dos personas del mismo sexo,  sino por un hombre y una mujer.

    -Un daño para tantos cónyuges, hombre y mujer, que sueñan con dar un hogar normal (el suyo) a un niño o una niña que carecen de él. De cada cien matrimonios españoles, quince, más o menos, no pueden tener hijos y desean adoptar. Verían disminuir sus posibilidades de hacerlo ya que, al amparo de esa ley, les serían entregados -pese a los perjuicios anteriormente señalados- a parejas homosexuales.

    -Un daño para el conjunto de los ciudadanos, que verían cómo se retraían de sus impuestos las cantidades que habría que dar a las parejas de homosexuales, las cuales, al tener hijos gracias a esa ley, reclamarían inmediatamente, como padres y como esposos, pensiones de viudedad, atención sanitaria del cónyuge, declaración del IRPF conjunta...

    -Un daño para una sociedad imperiosamente necesitada de niños. Con 1,07 hijos por mujer, España es el país con el índice de natalidad más bajo del mundo. Índice que esa ley contribuiría a que descendiera todavía más.

    -Una conculcación del principio 7 de la Declaración Universal de los Derechos del Niño que dice textualmente: «El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación».


Esto dicen los niños

    Y a todo esto, ¿qué dicen los niños? Hace poco se celebró en Madrid un congreso sobre Evolución del papel de los niños en la Vida familiar. Uno de los aspectos más interesantes de dicho Congreso fue la participación en los debates de niños y niñas de diferentes edades, razas, culturas y países. Fue muy significativa la respuesta que dieron a la pregunta que se les hizo sobre si, en caso de haber sido adoptados, hubieran preferido que sus padres fuesen dos personas del mismo sexo o, por el contrario, un hombre y una mujer. Al principio no comprendieron la pregunta de tener por padres a dos hombres, o tener por padres a dos mujeres, pero, aclarada la cuestión, su respuesta fue unánime: ¡Hubieran deseado tener por padres a un hombre y a una mujer, no a dos personas del mismo sexo!

    La Asociación Española de Pediatría dice lo que conviene o no a los niños: «Un núcleo familiar con dos padres o dos madres (dos varones o dos hembras), o con un padre o una madre de sexo distinto al correspondiente a su rol (un hombre haciendo el papel de mujer o una mujer haciendo el papel de varón), es, desde el punto de vista pedagógico y pediátrico, claramente perjudicial para el armónico desarrollo de la personalidad y adaptación social del niño».

    Para educar hace falta amor, lo que concedemos que podrían ofrecer las parejas homosexuales. Pero hacen falta muchas más cosas que ello no están en condiciones de ofrecer. Las parejas homosexuales ni son matrimonio ni deben recibir en adopción el bien más precioso: los niños.

 

LUIS RIESGO, Querétaro, México

 Act: 25/01/16   @noticias del mundo           E D I T O R I A L    M E R C A B A    M U R C I A